La fruta que conocemos hoy como frutilla o fresa, cuyo nombre científico es Fragaria × ananassa, tiene una historia sorprendente que mezcla viajes, experimentos botánicos y tradiciones antiguas. Aunque sus variedades modernas existen desde hace apenas 250 años, la domesticación de las primeras especies de frutilla comenzó hace aproximadamente 2.000 años, mucho después de otros cultivos como los cereales.
Más adelante, otras especies como Fragaria moschata (con sabor a almizcle) y Fragaria viridis se incorporaron al cultivo. Sin embargo, el cambio más grande llegó con la introducción de Fragaria virginiana, una especie proveniente de Norteamérica. Sus frutos eran más grandes, intensamente rojos y más productivos, lo que impulsó su plantación en toda Europa.
Pero la verdadera revolución ocurrió con otra especie llegada desde Sudamérica: Fragaria chiloensis, cultivada históricamente por los pueblos mapuches en Chile. Cuando fue llevada a Europa en el siglo XVIII, no producía frutos porque necesitaba polinización de otras especies. Una vez solucionado ese problema, comenzaron a aparecer plantas híbridas naturales que mezclaban características de ambas especies.
Así, cerca de 1766, nació la frutilla moderna, el híbrido Fragaria × ananassa. Este cruce combinó el tamaño y firmeza de F. chiloensis con el aroma y color de F. virginiana. Con el tiempo, se desarrollaron programas de mejoramiento genético que dieron lugar a las variedades actuales: más grandes, sabrosas, resistentes y productivas.
Hoy, la frutilla es una fruta ampliamente consumida y cultivada en distintos climas del mundo. Su historia demuestra cómo el conocimiento científico, la agricultura y los intercambios culturales pudieron transformar una simple fruta salvaje en uno de los cultivos más valorados.
Fuente: Grupo Fragaria
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